Ponencia "Gobernabilidad Económica y Política"

 

Del profesor Edgar Revéiz

 

Revisión de Jorge Iván González

Profesor Universidad Nacional

Septiembre 1996


El trabajo del profesor Revéiz es una estimulante invitación a pensar las complejas interacciones entre ética, economía y política. Frente a la idea de conjugar estas tres dimensiones, renace la pregunta de Hayek: este es un asunto de la economía, como una forma de la política, o de la economía como ciencia?

Sin que el profesor Revéiz se plantee explícitamente la pregunta, sí hay elementos para concluir que los vínculos con la política y la ética son inherentes al quehacer de la disciplina económica.

La gran tarea científica de la economía es entender cómo se lleva a cabo la sorprendente coherencia "... entre el vasto número de decisiones individuales y aparentemente separadas acerca de la compra y la venta de bienes... la forma en que ocurre esta coordinación ha sido una preocupación central de la teoría económica desde Adam Smith" (Arrow 1972, pp. 155, 157) .

El planteamiento de Arrow nos lleva a reflexionar por los presupuestos del mercado. Si pretendiéramos dar razón del mercado por el mercado mismo nuestra reflexión sería tautológica. El mercado tiene que ser explicado.

Las pruebas de la existencia del equilibrio son posteriores a la pregunta por las fuerzas que halan a los agentes a realizar el intercambio. Se trata, entonces, de comprender por qué existen intercambios exitosos. Por qué estos son posibles ? Kolowski (1992, p. 28) considera que una teoría del mercado deba incluir los "motivos ético-culturales" que determinan la oferta y la demanda. La ética, junto con la cultura y las instituciones que le son propias, es constitutiva de las relaciones mercantiles. Por esta razón no hay mercado sin una ética que fije las reglas de juego. El mercado no aparece de un momento a otro. Se va construyendo a lo largo del tiempo. Al tratar de explicar por qué razón los países del Este todavía no han logrado consolidar una economía de mercado, Koslowski (1992 b) lanza la hipótesis de que estas sociedades todavía están en proceso de definir la conducta ética y las normas morales compatibles con los procesos privados de contratación.

La dimensión ética es constitutiva del mercado, no sólo porque lo antecede, sino también porque está presente en el momento del intercambio y porque lo trasciende al definir la función de bienestar social. La "constitución" de Arrow, la "escogencia constitucional" de Buchanan y la "comunidad de preferencias" de Musgrave apuntan hacia el mismo objetivo: mostrar que las relaciones mercantiles están éticamente condicionadas.

La explicitación del espacio de lo ético permite comprender el carácter relativo de categorías económicas como eficiencia, a las que en los libros de texto se les atribuye una significación unívoca. El condicionamiento cultural de la ética lleva a una relativización de la eficiencia. La puesta en práctica del concepto neowalrasiano de eficiencia ha llevado a un incremento notable de las tasas de desempleo en los países desarrollados. Tarde o temprano, esta amenaza al bienestar social obligará a reconsiderar el significado de la eficiencia. Los modelos intertemporales han puesto sobre el tapete lo absurdo de un proceso competitivo que lleva a producir más para consumir más, incrementando los desperdicios y amenazando el equilibrio ecológico.

Volviendo a la pregunta de Hayek, la relación entre economía, ética y política compete a la economía como ciencia. El trabajo del profesor Revéiz avanza en esta dirección. Delimita las esferas ética y moral. Considera que la ética (ethos), en tanto "... disciplina ligada a la filosofía, es la teoría de los hábitos y de las costumbres" (Revéiz 1996, p. 7). Por su parte, la moral (moris) "se fundamenta en principios religiosos y se instrumenta mediante normas" (Revéiz 1996, p. 7).

Las diferencias entre los modelos de desarrollo no son compernsibles por fuera del espacio de la ética y la moral.

"Valorizando la iniciativa individual el puritanismo fortaleció el capitalismo; valorizando la disciplina colectiva las religiones de Asia hicieron triunfar la empresa japonesa; valorizando las éticas de la cooptación y de la concesión discrecional, Colombia logró gran estabilidad política en la posguerra pero reavivó y recrudeció los conflictos políticos y sociales con elevado costo social y humano" (Revéiz 1989, p. 515).

Nuestra ética que ha propiciado una acumulación cooptada, ha conducido a la violencia, a la consolidación del monopolio, a la concentración de la riqueza y, sobre todo, ha impedido el desarrollo de un mercado competitivo.

"El modelo colombiano de acumulación cooptada (1958-1986), facilitó la consolidación de grupos monopólicos y oligopólicos que en vez de lanzarse a una competencia beneficiosa para aumentar la productividad global, se libraron a competencia no económica, buscando asegurarse privilegios del Estado..." (Revéiz 1989, p. 13).

En Colombia no existe "economía de mercado", porque la cooptación y los privilegios lo han impedido. En lugar de la competencia económica se ha desarrollado una competencia política que ha sido posible gracias a la existencia de mesocontratos que con reglas ad hoc han favorecido a grupos específicos.

"La descoordinación creciente de los mesocontratos, su rígida jerarquía, son fuente "propagadora" de violencia, así como la renuencia de los grupos a perder participación en el ingreso nominal de la economía , su capacidad para fijar los precios de los bienes y los servicios en coalición el gobierno, y el derecho de precedencia "ad-hoc" que atribuyen a su respectivo contrato sobre los demás" (Revéiz 1989, p. 2).

Desde la perspectiva económica, la sociedad cooptada se caracteriza porque se beneficia de rentas-privilegios y tiene un alto grado de contratación con el Estado, de tal manera que termina usándolo en favor de sus intereses. La frontera entre la sociedad cooptada y la ilegal es muy frágil. Los mesocontratos son el fundamento del poder y privatizan la intervención del Estado. En otras palabras, generalizan la corrupción. Distorsionan las reglas de juego.

La moderna teoría de juegos ha incorporado conceptos como el equilibrio de Nash. Estos modelos reconocen la importancia de mercados imperfectos, donde conviven los sindicatos, los monopolios, la información asimétrica, las expectativas, etc., parten del supuesto de que las reglas de juego no se alteran. Que ninguno de los jugadores las puede cambiar a discreción. Sin este prerrequisito es imposible el juego.

Nuestra desgracia es que ante la mirada impasible de la sociedad civil, algunos jugadores se sienten con el derecho de cambiar las reglas del juego. No han transcurrido cinco años y la Constitución del 91 ya está en jaque.

Para superar la crisis política del país, anota el profesor Revéiz, debemos avanzar hacia la gobernabilidad, hacia la creación del consenso.

"La gobernabilidad se puede entender como crear consensos. Menos tensiones sociales. En este caso puede tener gobernabilidad económica y política democrática, o sea, es un sistema donde se mantienen los valores democráticos, donde hay libre competencia, donde lso mercados pueden funcionar, donde no hay clientelismo, etc.," (Revéiz 1996, p. 5).

Este enfoque va en contra de las pretensiones de los grandes grupos económicos que ahora expresan su intención de continuar financiando la guerra. La decadencia de los gremios ha sido compensada por el auge del poder de los grupos económicos. Este cambio en la correlación de fuerzas, anota el profesor Revéiz, tiene mucho que ver con la apertura.

"A diferencia de la forma de gobierno japonesa (Gobierna por la moral y controla por el ritual), o de la de Corea (Gobierna por el nacionalismo y controla por la fuerza), Colombia reguló su modelo ético-político y económico al "gobernar por el ritual y controlar por la fuerza" (Revéiz 1989, p. 85).

Mientras que la guerra continua en el suroriente del país, la sociedad colombiana se niega a repensarse a sí misma. No aceptamos que los privilegios y que la inequidad de las dotaciones iniciales van en contra del consenso y alimentan la guerra. Los grupos económicos que han patrimonializado el Estado nos proponen consolidar la guerra. Al fin y al cabo, para ellos la violencia es menos costos que renunciar a los mesocontratos.

La solución tiene que ser integral y por ello las certificaciones financiera-económica, de lucha contra el narcotráfico y de Derechos Humanos deben analizarse conjuntamente, porque son constitutivas de la misma realidad.

La democratización política y económica es un problema vital. Sin la democracia económica y política nuestra sociedad no sobrevive. Por ello, ahora cuando la guerra del suroriente nos recuerda que somos un país profundamente violento, el título del libro del profesor Revéiz alcanza dimensiones proféticas: "Democratizar para Sobrevivir".

 


El Estado como Mercado

 

Del profesor Edgar Revéiz

 

Revisión de Jorge Iván González

Profesor Universidad Nacional

25-Mayo-97

 


En la introducción al texto Sobre la Desigualdad Económica, Amartya Sen - un economista de la India que ha dedicado su vida a conjugar la ética con la economía - muestra que la rebelión y la desigualdad están íntimamente relacionadas. Que la inequidad alimenta la rebelión. En los últimos años la teoría económica ha vuelto los ojos hacia el funcionamiento de las instituciones, el desarrollo del capital humano y los problemas éticos. Aunque la filosofía moral enmarcó las reflexiones de los autores clásicos - no olvidemos que Adam Smith era profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow - con el paso del tiempo la preocupación excesiva por la cuantificación y la formalización llevó a los economistas a olvidar la naturaleza social de la disciplina. Este abandono de la dimensión ética y social limitó el desarrollo de la teoría económica y, además, redujo las posibilidades de incidir en el mejoramiento del bienestar de la mayoría de la población.

En su libro El Estado como Mercado* , el profesor Edgar Revéiz examina, en el caso colombiano, la relación entre ética y economía. Muestra que el crecimiento también depende de los factores institucionales y políticos. Las variables macroeconómicas convencionales : inversión, empleo, ahorro, etc., no son suficientes para entender las características del desarrollo colombiano. En palabras del autor, a investigación "... pretende establecer las relaciones que las variables consideradas extraeconómicas tienen sobre el crecimiento" (p. 103). En el contexto académico colombiano, el estudio de Revéiz es novedoso no sólo por lo que se propone, sino también por el método. El autor tiene que crear su propio instrumental analítico. Como los economistas no estamos habituados a pensar el crecimiento desde lo político y lo social, la disciplina no cuenta con las herramientas para realizar este tipo de ejercicios.

El libro hace un examen detallado de la forma como los mesocontratos han "... privatizado la intervención del Estado" (p. 34), creando condiciones propicias para el establecimiento de la "violencia inercial" que carcome la sociedad colombiana. Las condiciones de participación han sido muy diferentes para los "cooptados", los "no cooptados" y los "ilegales". A partir de estos tres tipos de colectivos o sociedades, el autor construye matrices socio-económicas e institucionales, que van mostrando la forma como la correlación de fuerzas entre estos colectivos y el Estado ha ido configurando el desarrollo económico colombiano.

El enfoque histórico y los numerosos ejemplos concretos que presenta el autor, facilitan la comprensión de las características de cada período. Entre 1958 y 1991 predominó el "capitalismo político". La Constitución del 91 afianzó el "capitalismo competitivo" que, por lo menos en teoría, es más democrático, menos presidencialista y, por ello, más participativo y equitativo. Revéiz examina cuidadosamente los cambios en el ordenamiento institucional y va construyendo hipótesis sobre la forma como han repercutido en el crecimiento económico y en la estabilidad política. Este enfoque tiene la gran ventaja de que le permite al autor abordar un tema tan complejo como el proceso 8.000 desde una perspectiva global, que le evita caer en la trampa de la acusación moralista y que le permite destacar los aspectos que configuran la dimensión ético-cultural de la sociedad colombiana.

En El Estado como Mercado Revéiz continúa la línea de reflexión de su libro anterior, que con visión profética tituló : Democratizar para Sobrevivir **